111 años de impunidad. En 1915 el pueblo armenio fue masacrado por el Estado otomano que cometió el primer genocidio del siglo XX

Hoy, el pueblo armenio, primero en adoptar el cristianismo como su religión oficial en el año 301, ha logrado sobrevivir, prosperar y llevar a todos los rincones del mundo la necesidad de reconocer este gravísimo crimen contra la humanidad. Turquía, sin embargo, sigue negando el genocidio, a pesar de que destacados intelectuales turcos han abogado por su reconocimiento como un paso esencial para avanzar como nación.

Un ejemplo notable es el del escritor y premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk, quien tuvo que abandonar su país debido a las amenazas por su lucha y sus ensayos sobre el genocidio no reconocido. En 2007, tras el asesinato de Hrant Dink, periodista de origen armenio, Pamuk volvió a dejar Turquía bajo amenaza de muerte. Esto sucede en un país considerado "el más occidental" de Oriente por sus alianzas estratégicas con potencias mundiales.

Esta impunidad persiste porque el mundo no exigió justicia al Estado turco por sus crímenes de lesa humanidad. Tras el genocidio armenio, siguieron las persecuciones contra kurdos, griegos y otros pueblos. Es conocido que Hitler, antes del Holocausto, mencionó la impunidad del genocidio armenio como un precedente para sus planes.

Hoy, Armenia es un país independiente con tres millones de habitantes y una diáspora de más de diez millones de armenios en el mundo. Su territorio, reducido a una décima parte de lo que fue, se encuentra en una región montañosa frente al bíblico monte Ararat, donde, según la tradición, encalló el arca de Noé. Armenia fue la primera nación en adoptar el cristianismo como religión oficial en el año 301, una decisión que marcó su historia. Su identidad cristiana le costó caro, enfrentándola a siglos de conflictos con poderes orientales que no toleraban su fe. Sin embargo, nada fue tan devastador como el genocidio de 1915.
En uno de mis viajes a Armenia, tuve en mis manos el libro escrito por mi abuelo, un sobreviviente del genocidio. No sabía de su existencia y lo leí en una noche, a pesar de sus 250 páginas. No quiero detallar el horror descrito por un niño de 15 años que escapó de los turcos tras perder a toda su familia: sus 12 hermanos, su padre y su madre. Ese niño sobrevivió a la mayor tragedia del pueblo armenio y, años después, llegó a gobernar dos provincias de la actual Armenia.
Solo quiero destacar un pasaje: aquel niño quiso regresar a su pueblo destruido, un lugar que alguna vez tuvo 5.000 habitantes, y lo encontró totalmente despoblado. A pesar del dolor de los recuerdos, él y algunos amigos volvieron una y otra vez, pero el Estado turco siempre apareció para expulsarlos de su tierra natal. Esto desmiente la excusa turca de que los eventos de 1915 fueron solo un producto de la guerra y no un genocidio. El territorio armenio fue sistemáticamente limpiado de armenios y, posteriormente, de kurdos.
Quiero resaltar que el Estado y el pueblo argentinos han sido sumamente solidarios con la causa armenia. En 2007, Argentina reconoció el genocidio por ley, y la provincia de Río Negro se adhirió a esta norma, por lo que mi agradecimiento es eterno. Aunque mi llegada a Argentina no fue una consecuencia directa del genocidio, para más de 100.000 argentinos de origen armenio este país ha sido un lugar donde pudieron empezar de nuevo y recuperar la esperanza.
El pueblo armenio nunca se rindió. Mientras haya un solo armenio con vida, se luchará en memoria de nuestros abuelos para que esta historia no se repita, ni en Turquía ni en ningún otro lugar del mundo. Los armenios se dedicaron a una nueva forma de venganza. Decidieron sobrevivir, tener mas hijos y no olvidar.
Por eso, cada 24 de abril, todos los armenios del mundo salen a las calles para recordar a sus antepasados masacrados por el estado turco.
Por Armen Grigorian.



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