A 14 años de la muerte de Carlos Soria: una tragedia que marcó a Río Negro
Actualizado: 2 ene

El 1 de enero de 2012 quedó grabado como una fecha trágica en la historia política de la provincia de Río Negro. En las primeras horas del nuevo año, el entonces gobernador Carlos Soria murió tras recibir un disparo en su vivienda de la ciudad de General Roca. El hecho conmocionó a la dirigencia política y a la sociedad rionegrina, no solo por la gravedad del episodio sino por las circunstancias en las que ocurrió.
Soria había asumido el cargo apenas tres semanas antes, el 10 de diciembre de 2011, luego de imponerse en las elecciones provinciales al frente del Frente para la Victoria. Su llegada al gobierno representaba un cambio de ciclo en la provincia, con un estilo confrontativo y promesas de reformas profundas en áreas clave del Estado.

La madrugada del 1 de enero, tras los festejos de Año Nuevo, una discusión en el ámbito familiar derivó en un desenlace fatal. Según la investigación judicial, el disparo que terminó con la vida del gobernador fue efectuado por su esposa, Susana Freydoz. El hecho ocurrió en el dormitorio del matrimonio y provocó una inmediata intervención policial y judicial.
La noticia se difundió rápidamente en todo el país y generó un impacto institucional sin precedentes en la provincia. El gobierno nacional, encabezado entonces por Cristina Fernández de Kirchner, decretó duelo y expresó públicamente su consternación, mientras que en Río Negro se activaron los mecanismos constitucionales para garantizar la continuidad del Ejecutivo provincial.
Tras el crimen, Freydoz fue detenida y posteriormente juzgada por la Justicia rionegrina, que la encontró culpable y la condenó a una pena de 18 años de prisión. El proceso judicial permitió esclarecer los hechos, aunque no logró disipar el dolor ni las múltiples preguntas que dejó una tragedia ocurrida en el corazón del poder político.

A más de una década de aquel 1 de enero, la figura de Carlos Soria sigue siendo recordada por su extensa trayectoria política y por un final tan inesperado como violento. Su muerte no solo truncó un mandato que recién comenzaba, sino que también dejó una huella profunda en la memoria colectiva de Río Negro, donde cada inicio de año remite inevitablemente a uno de los episodios más oscuros de su historia institucional.



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