¡Adorni es inocente! Ganó Manuel, pero se perdió la batalla cultural
- hace 2 días
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Tras semanas de incertidumbre, llegó el momento de proclamar con fuerza la inocencia de Manuel Adorni. Lo dijo, casi lo gritó, Javier Milei desde Estados Unidos durante una entrevista con Majul y Trebucq: hay que esperar a la Justicia y pronto se conocerán novedades sobre la declaración jurada.
El propio Adorni tuvo que salir a dar explicaciones en Neura, en una entrevista con Alejandro Fantino. El jefe de Gabinete fue cauto al referirse a la causa judicial, ya que —según sostuvo— cualquier declaración suya podría interpretarse como una interferencia en el proceso. Además, aseguró que demostrará su inocencia y remarcó que sigue siendo el mismo Adorni de hace dos años: con los mismos ideales y sin haber cometido delito alguno.
A esta altura, y con una investigación que todavía tiene varios capítulos por delante, puede afirmarse que Adorni es inocente hasta que la Justicia demuestre lo contrario. Incluso, si en los próximos días se presenta la declaración jurada de bienes y allí aparecen cifras que justifiquen inversiones, viajes y movimientos patrimoniales de él y su familia, es probable que quede desligado de todas las acusaciones.
Sin embargo, hay una cuestión mucho más importante para Milei que ya parece no tener retorno: la pérdida de la batalla cultural.
No existe manera de justificar ciertos lujos de quienes llegaron al poder prometiendo combatir “la casta”, mientras al resto de la sociedad se le exige ajuste permanente, sacrificio y paciencia en nombre de un supuesto futuro próspero.
Adorni podrá justificar su patrimonio y sus inversiones. Lo que difícilmente pueda recuperar es la credibilidad para convencer a buena parte de la ciudadanía de que despedir estatales solucionaba los problemas del país o que recortar fondos a las universidades era indispensable para mejorar la economía argentina. Todo eso ocurría mientras descansaba en Aruba o en el Llao Llao. Y no, eso no es delito. Tampoco está mal que un funcionario viaje o descanse donde quiera. El problema es otro: el relato.
Porque el mismo Adorni había asegurado que prácticamente no tenía tiempo para relajarse y que su único viaje de descanso había sido reciente. Ahí aparece la contradicción que termina dañando más que cualquier expediente judicial. Uno es dueño de su silencio y esclavo de sus palabras. Y Adorni quedó atrapado en las suyas.
¿La batalla cultural está perdida solamente por culpa de Adorni? Claro que no. Hay un cúmulo de casos judiciales, polémicas y contradicciones que fueron erosionando ese discurso moralista que se presentaba como distinto a todo lo anterior. Una remodelación, un viaje o una quinta no alcanzan por sí solos para derrumbar una construcción ideológica impulsada por Milei y amplificada por figuras como Agustín Laje. Pero sí ayudan a desgastarla.
Muchos de esos “combatientes culturales” que durante años se mostraron como kamikazes dispuestos a enfrentarse a “kukas” y “zurdos”, hoy tienen el mismo gesto incómodo que Adorni. Y mientras Milei todavía conserva respaldo popular de 40%, cada vez son más los libertarios que ya no toleran a figuras como Espert, Adorni, Spagnolo y compañía.
Adorni era una de las voces más fuertes de esa batalla cultural. Hoy, en cambio, su palabra genera rechazo incluso dentro del propio espacio libertario. Y eso deja a Milei con un único frente verdaderamente importante: la economía.
El problema es que el discurso contra “la casta” y el pasado ya no alcanza para sostener todo. El llamado “Manu-Gate” terminó golpeando justamente el corazón del relato libertario. Ahora el Gobierno necesita resultados concretos: bajar la inflación, sostener la estabilidad y evitar nuevos sobresaltos internacionales que impacten en los precios, especialmente en un país donde remarcar parece ser un deporte nacional.
Hay una verdad que se visibiliza en todas las encuestas realizadas en el país: Los trabajadores no llegan al fin del mes y se endeudan para pagar sus gastos corrientes....
El periodismo nunca fue el enemigo. Que existan periodistas operadores no es ninguna novedad; siempre los hubo. El verdadero dilema es que cada vez quedan menos argumentos para defender a un gobierno con una capacidad de autodestrucción pocas veces vista.
Y alcanza con escuchar el silencio de Axel Kicillof y Cristina Kirchner para entender lo cómodos que se sienten hoy los adversarios de Milei. Como dice la vieja frase: “Cuando el enemigo se está equivocando, lo mejor es no interrumpirlo”.



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