El hombre que convirtió los cielos en su sala de estar: La insólita historia de Steven Rothstein y el billete dorado

Por la Redacción
Para la mayoría de los mortales, un vuelo transatlántico en primera clase es un lujo reservado para ocasiones excepcionales. Para Steven Rothstein, un agente financiero de Chicago, tomar un avión supersónico o cruzar el Atlántico para almorzar era tan rutinario como subirse a un colectivo de línea.
Durante más de dos décadas, Rothstein protagonizó una de las anécdotas más insólitas y costosas en la historia de la aviación comercial: realizó más de 10.000 vuelos en primera clase sin pagar un solo pasaje adicional, acumulando distancias equivalentes a dar 500 vueltas al mundo y generando a la compañía un gasto estimado en más de 20 millones de dólares.
La jugada maestra: El pase ilimitado AAirpass
La historia comenzó en 1981. En medio de una fuerte crisis financiera y desesperada por recaudar efectivo de inmediato, la compañía American Airlines lanzó una promoción audaz pensada para corporaciones y multimillonarios: el AAirpass.
Por un pago único de 250.000 dólares, el comprador obtenía pases de abordaje ilimitados de por vida en primera clase. Los ejecutivos de la aerolínea supusieron que nadie viajaría lo suficiente como para amortizar semejante cifra.
En 1987, Steven compró su pase. Dos años más tarde, desembolsó 150.000 dólares adicionales para agregar la opción de un acompañante permanente. Con una inversión total de 400.000 dólares, el financista tenía en sus manos la llave del mundo.
Un sándwich en Canadá y 500 viajes a Londres
A partir de ese momento, la vida de Rothstein se transformó en una película en constante movimiento. La cabina de primera clase se volvió su hogar y la tripulación, su familia.
Sus costumbres rozaban lo surrealista:
Caprichos gastronómicos: Voló hasta Ontario (Canadá) únicamente porque le apetecía comer un sándwich en un local específico.
Destinos fijos: Registró cerca de 1.000 vuelos a Nueva York, más de 500 a Londres, 120 a Tokio y decenas de trayectos a París y Sídney.
El compañero de asiento: Utilizaba el pase de acompañante para viajar con amigos, familiares, desconocidos en apuros o, a veces, simplemente reservaba el asiento contiguo bajo nombres falsos para viajar solo o guardar su equipaje.
Además, el sistema acumulaba millas por cada vuelo realizado. Con más de 30 millones de millas en su haber, Rothstein regala estadías en hoteles de lujo y pasajes a personas que no podían pagárselos.
Un refugio en las nubes
Detrás del nomadismo aéreo no solo había excentricidad, sino también refugio. En 2002, tras la trágica pérdida de su hijo Josh, los aeropuertos y el murmullo de los motores se convirtieron en su santuario. Según relató tiempo después su hija Caroline, el constante ir y venir le ayudaba a lidiar con el duelo, encontrando en las tripulaciones un apoyo humano cotidiano.
El "aterrizaje forzado"
Para American Airlines, el AAirpass pasó de ser una idea brillante a un auténtico agujero negro en sus balances financieros. Para la década de 2000, un departamento especial de la empresa comenzó a investigar a los usuarios con pases vitalicios para encontrar cualquier brecha contractual que permitiera revocarlos.
El 13 de diciembre de 2008, cuando Rothstein se disponía a abordar un vuelo de Chicago a Londres en el aeropuerto O'Hare, un agente le entregó un sobre. Su AAirpass quedaba retirado de inmediato acusándolo de uso indebido y reservas bajo nombres falsos.
Aunque la compañía logró quitarle el privilegio, la historia de Steven Rothstein quedó inmortalizada en los anales de la aviación como la del pasajero que logró llevar al límite la promesa de "volar sin fronteras".



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