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Estudió en Roca, luchó y se ganó el respeto de todos. Roció, una rionegrina que triunfa en España

  • hace 4 días
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La bailaora rionegrina Rocío Aristimuño logró hacerse un lugar en el exigente mundo del flamenco, nada menos que en España, cuna de esta expresión artística. Por estos días se encuentra de gira por ese país, donde ya se presentó el pasado 27 de marzo en Barcelona y continuará con funciones el 9 de abril en Granada, el 17 y 18 en Jerez de la Frontera y el 25 de abril en Sevilla.

En diálogo con Diario La Verdad, la artista habló sobre su presente, su recorrido y los desafíos de bailar flamenco en su tierra de origen.

–¿Qué te genera estar en España, bailando flamenco en la tierra donde nació?

–Es un honor y un enorme desafío. Son propósitos y objetivos que me propuse hace mucho tiempo. Me gusta el camino que elegí, con mucho coraje y valentía, pero también con humildad y fe, a través de mi trabajo, sin ayuda de nadie. Estoy muy honrada de lograr estas fechas en España. Cada día acá es una experiencia nueva: aprendo mucho y es muy hermoso compartir con ellos mi forma de vivir el flamenco.



–¿Qué es el flamenco para vos?

–Es mi forma de vivir, de salvarme. Es lo que me hace feliz, lo que me llena el alma. Es mi forma de ser. El flamenco es como una ola: nace, toma fuerza, arrasa, se disuelve, vuelve a juntar energía y renace. Es mi oficio, mi profesión y una danza multidisciplinaria que me atrapó de por vida. Es una filosofía, mi gran bandera, una cultura ancestral que sigue viva en las nuevas generaciones.

–Parece una danza muy difícil. ¿Lo es?

–Es compleja, pero también muy orgánica. Tenés que bailar y generar sonido, pero lo más difícil es el trabajo en comunidad. El flamenco no es individual: lo construimos entre el guitarrista, el cante y la bailaora. Se necesitan al menos cinco años de aprendizaje, pero lo más desafiante es lograr esa comunión entre guitarra, voz y baile.



–Participaste del proyecto artístico de tu hermano Lisandro. ¿Qué te dejó esa experiencia?

–Más que participar, fui parte del elenco durante 23 años como percusionista y zapateadora. Grabé muchos discos y estuve desde antes de llegar a Buenos Aires. Me ayudó muchísimo: aprendí de música, de trabajo en equipo y de hacer el camino desde abajo. Aprendí que el profesionalismo es el mismo en un estadio con miles de personas que en una sala pequeña. Eso te forma para siempre.



Nacida en Viedma, criada en Luis Beltrán y con un fuerte paso por General Roca, donde estudió en el IUPA, Aristimuño comenzó a bailar a los 4 años. Lleva más de dos décadas enseñando y desarrollando su propia metodología, consolidándose como una de las referentes del flamenco en Argentina.

–¿Qué te dejó tu paso por el IUPA?

–Principalmente, mis maestros. Además de las instalaciones, lo más valioso fue la calidad humana y artística de quienes me formaron, como Armen Grigorian y Diana Fermanian. Ellos son parte de lo que soy hoy. Me dieron confianza, me impulsaron a creer que podía llegar hasta acá. También guardo un gran cariño por mis compañeras, que siguen siendo mis amigas.

–¿Qué extrañás de tu etapa en Roca?

–Extraño andar en bicicleta por la ciudad, entrar al IUPA y escuchar el piano, el violín, los timbales. Ir a conciertos de jazz en el auditorio (insólitamente la entrada valía un peso). Los camarines, el Ballet Río Negro, extraño las clases con mis maestros. Extraño el otoño de Roca. Fui muy feliz ahí y deseo que quienes estudian hoy también lo sean.


Roció volvió a IUPA a dictar seminarios en el 2018 y 2022
Roció volvió a IUPA a dictar seminarios en el 2018 y 2022

–¿Qué proyectos tenés actualmente?

–Estoy creando una escuela en un espacio cultural donde convivan distintas disciplinas. También quiero terminar un libro de apuntes de bailaora que vengo escribiendo hace años. Y estoy trabajando en un espectáculo en vivo que quiero grabar y subir a plataformas digitales. Son proyectos ambiciosos, pero también lo era esta gira, que hoy ya es una realidad.


–¿Quién es hoy Rocío Aristimuño?

–Cada vez me interesa menos definirme. Soy la conjunción de todo lo que viví: la formación, la música, la percusión, el canto, el flamenco, las danzas contemporáneas, el trabajo social con el arte. Intento ser una buena persona, ser genuina y ayudar en lo que pueda con todo mi ser.



“Una artista potente y pujante, que a su vez guarda un caudal de emociones que despliega al actuar y al expresarse con su cuerpo. Enorme técnica, musicalidad, sensibilidad, inquietud e interpretación conviven en ella, generando ese cortocircuito entre el corazón y la mente que da origen al arte creativo en un gran artista”, resumieron sus profesores del IUPA al ser consultados sobre Aristimuño.

Lo cierto es que la bailaora logró primero romper el statu quo del flamenco porteño, instalándose en Buenos Aires y alcanzando el máximo nivel. Ahora dio un paso gigantesco en la tierra donde el flamenco es casi una religión.

Es argentina, pero además rionegrina. Un verdadero orgullo de Río Negro.



Entrevista: Simon Telechea para el "Diario La Verdad"

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