Garbarino: La agonía de un gigante

La emblemática cadena Garbarino, un pilar del retail argentino durante décadas, transita su momento más crítico. Fundada en 1951, la empresa llegó a ser líder en la venta de electrodomésticos y tecnología en todo el país, con una presencia fuerte en shoppings, centros urbanos y zonas suburbanas. Hoy, esa historia parece acercarse a su fin con la posibilidad inminente de una quiebra definitiva tras años de dificultades financieras acumuladas.
Las señales de agotamiento comenzaron a hacerse visibles a partir de 2019 y, sobre todo, desde 2020 en adelante. La caída del consumo interno, la volatilidad macroeconómica y la reducción del crédito profundizaron una situación que ya venía deteriorándose. En medio de este contexto, la cadena fue adquirida en junio de 2020 por el empresario Carlos Rosales, quien enfrentó desde el primer momento pagos atrasados, deudas crecientes y el cierre gradual de tiendas.
Desde el inicio de la pandemia de COVID-19, los problemas se agravaron: la empresa empezó a cerrar puntos de venta, atrasó sueldos y dejó de cumplir con obligaciones fiscales y previsionales, lo que desencadenó pedidos de quiebra por parte de acreedores y un proceso de concurso preventivo ante la Justicia.
En su época más expansiva, Garbarino llegó a contar con más de 300 sucursales en todo el territorio argentino y más de 5.000 empleados en sus diferentes divisiones y formatos de negocio.
En febrero de 2026, la compañía opera con solo tres tiendas abiertas en el país.
La plantilla laboral se redujo drásticamente: solo 18 empleados permanecen en la nómina, a diferencia de los más de 5.000 que formaban parte de la empresa en su auge.
Garbarino se encuentra bajo un concurso preventivo de acreedores iniciado hace varios años, un mecanismo legal destinado a permitir la reestructuración de pasivos y evitar la quiebra. Sin embargo, tras múltiples intentos de salvataje, incluidos mecanismos extraordinarios como el “cramdown” (que habilita a terceros interesados a presentar ofertas para rescatar la empresa con apoyo judicial), el proceso parece haber llegado a su fin.
En la audiencia del 24 de febrero de 2026, la propia empresa reconoció ante el tribunal que no logró atraer inversores ni propuestas formales de compra. La única sociedad inscrita en el registro del artículo 48 apenas se anotó pero no presentó una oferta concreta, cerrando así la última esperanza de salvataje previo a una declaración de quiebra formal.
La cadena que durante décadas fue sinónimo de venta de electrodomésticos y tecnología para millones de hogares argentinos está ahora al borde de la desaparición empresarial. La declaración de quiebra —en caso de que el juzgado la formalice en las próximas semanas— podría significar el cierre definitivo de la marca y la liquidación de sus pocos activos operativos.
El derrumbe de Garbarino no solo marca el fin de una era empresarial, sino que también deja un legado de efectos económicos y sociales profundos, especialmente para los miles de trabajadores que, desde 2020, fueron perdiendo su empleo y estabilidad laboral conforme la empresa se desarmaba.



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