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Impunidad que duele: A dos años del asesinato de Juan Caliani

  • hace 9 horas
  • 2 Min. de lectura

Parte el alma ver a una madre, desgarrada de dolor, protestar por la injusta reducción de la pena a los asesinos de su hijo.

A dos años del asesinato del periodista Juan Caliani, la calle volvió a ser el único lugar donde el dolor encuentra voz. Familiares, amigos y vecinos marcharon en Neuquén para reclamar lo que, en cualquier sociedad justa, debería ser una garantía básica: justicia. Sin embargo, lo que recibieron fue una nueva señal de frustración tras la decisión judicial de reducir las penas a los responsables del crimen.


La movilización no fue solo un acto de memoria, sino también una reacción frente a un sistema que, para muchos, parece fallar en lo esencial. La reducción de condenas —de 6 y 9 años a penas aún menores— fue interpretada por la familia como un mensaje peligroso: que la vida puede valer menos de lo que debería.


En ese contexto, el reclamo se volvió más profundo. Ya no se trata únicamente de castigar a los culpables, sino de cuestionar una lógica judicial que, según denunciaron los allegados, resulta “empática con los asesinos y hostil con las víctimas”. Esa definición resume un sentimiento que excede el caso Caliani y se instala en la sociedad como una herida abierta.


La injusticia no solo golpea a quienes perdieron a un ser querido. También erosiona la confianza colectiva, genera miedo y deja la sensación de que el esfuerzo por construir una comunidad más segura es inútil. Cuando las decisiones judiciales son percibidas como insuficientes o desconectadas del daño causado, el dolor se multiplica: deja de ser íntimo y se vuelve social.


Juan Caliani, recordado como alguien que “sembró amistad y cariño”, fue arrancado de la vida por la violencia. Pero su historia también deja al descubierto algo más profundo: una justicia que, lejos de reparar, profundiza el sufrimiento. Porque cuando la justicia no alcanza, lo que queda es una sociedad herida, que sigue marchando para no resignarse al olvido.

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