Kicillof: Un candidato peronista sin causas de corrupción

Es economista, se declara marxista de formación keynesiana y gobierna la provincia más grande del país. Para los libertarios es "el comunista". Para La Cámpora, un aliado incómodo. Axel Kicillof llega al último tramo de su gestión bonaerense con una mochila judicial menos pesada que la de sus adversarios, aunque sin la bendición explícita de Cristina Kirchner.
El hombre detrás del gobernador
Kicillof nació el 25 de septiembre de 1971 en el barrio porteño de Recoleta. Es el segundo de los tres hijos de Daniel Kicillof (psicoanalista) y Nora Barenstein (psicóloga). Está casado con Soledad Quereilhac, investigadora del Conicet y doctora en Letras por la UBA. Viven junto a sus hijos, León (nacido en 2010) y Andrés (nacido en 2013), en la residencia oficial de La Plata.
Las causas: denuncias archivadas y un expediente clave
Entre sus detractores suele circular el número 17: esa es la cantidad de denuncias por presunta corrupción registradas ante ACIJ, según un relevamiento periodístico. Sin embargo, no se trata de 17 condenas ni de 17 causas abiertas; la gran mayoría de las investigaciones concluyeron en sobreseimientos.
El expediente que permanece en pie es el relativo a YPF, donde su nombre sigue figurando entre los investigados por la expropiación de la petrolera. Aunque rige la presunción de inocencia y Kicillof no ha sido condenado, el proceso judicial por la estatización podría terminar jugándole a favor en términos discursivos.
El auge de Vaca Muerta y el crecimiento de la compañía son, según Axel y su equipo, la prueba de que la expropiación fue un acierto estratégico: "Si no lo hacíamos, la empresa podría haber quedado en manos de cualquiera y jamás ser lo que es hoy", afirma públicamente. En privado, su equipo guarda argumentos técnicos para exhibir en la campaña de 2027 si el oficialismo decide atacarlo por esta vía.
El frente judicial de Milei como activo de campaña
En la antesala electoral, el Presidente enfrenta investigaciones que rozan a su círculo íntimo:
Causa $LIBRA: Investiga la promoción de una criptomoneda impulsada por Milei en sus redes sociales que luego se desplomó. Los investigados aún no están formalmente imputados, pero toca de cerca al mandatario.
Caso ANDIS: El exdirector Diego Spagnuolo está procesado como presunto jefe de una asociación ilícita vinculada a la compra de medicamentos. En las grabaciones del caso se menciona a Karina Milei y a Eduardo Menem (aunque la Secretaria General de la Presidencia no está procesada). El abogado Gregorio Dalbón solicitó recientemente la detención de Spagnuolo.
Sumadas a episodios controversiales que involucraron a figuras como José Luis Espert o Manuel Adorni, estas investigaciones representan golpes a la bandera de la honestidad oficialista y erosionan su credibilidad en las encuestas.
Hacia 2027, la batalla de carpetazos mostrará una diferencia cualitativa: mientras en el caso de Kicillof se debate una decisión de política pública adoptada hace más de una década sobre una empresa hoy superavitaria, en el entorno de Milei se investigan presuntos sobornos y la promoción de activos digitales desde la cúspide del poder.
Dos frentes, dos enemigos
1. La batalla frontal contra Javier Milei
Con la Casa Rosada la pelea es directa y también judicial. Kicillof calcula en más de 22 billones de pesos la deuda de la Nación con la Provincia de Buenos Aires (monto equivalente a la mitad del presupuesto bonaerense), reclamo encauzado a través de siete demandas formales.
Desde el mileísmo lo tildan de "enano comunista" o "marxista". Aunque el Presidente lo confronta continuamente, el equipo de comunicación libertario busca subir al ring a la principal rival interna de Kicillof, aplicando la máxima de que "la enemiga de mi enemigo" puede ser un catalizador funcional para sus planes en 2027.
2. La interna cruenta con el kirchnerismo duro
Dentro del peronismo, el principal foco de fricción radica en La Cámpora. En la agrupación que conduce Máximo Kirchner sostienen que Axel busca recortarles poder, que rehúsa visitar a la ex vicepresidenta y que intenta disputarle la conducción al espacio. Califican la distancia como casi irreconciliable. Del lado del gobernador, argumentan que no la visita para evitar que utilicen la foto como símbolo de subordinación, y afirman estar a la espera de señales de acuerdo sin condicionamientos.
El kirchnerismo duro pretende sostener la consigna de "Cristina libre" como bandera hacia 2027. De no ser así, Máximo Kirchner podría impulsar la candidatura presidencial de Cristina para presionar a Axel. Si la presentación internacional ante la ONU no prospera, el espacio evaluaría empujar figuras alternativas como Sergio Uñac o Gerardo Zamora.
La lectura táctica del electorado
En la militancia peronista predomina la molestia con los sectores ultra-kirchneristas: perciben que le ponen palos en la rueda al proyecto "axelista". Las internas despiadadas no son novedosas en el PJ, pero la prioridad actual de las bases es derrotar a Milei, por lo que hay poco margen de tolerancia para las disputas de cartel.
Sin embargo, correr a Cristina Kirchner del centro del tablero resulta complejo dado su elevado piso electoral. Kicillof se encamina a encarar la carrera hacia 2027 conviviendo con la tirantez del espacio.
Paradójicamente, algunos de sus asesores analizan que esta supuesta debilidad puede convertirse en su mayor virtud estratégica:
Evitar la confrontación directa: No criticar a Cristina ni engancharse en peleas mediáticas.
Captar al votante desencantado: Posicionarse como una opción atractiva para el electorado antikirchnerista que también se encuentra frustrado con la gestión de Milei. Si Axel se consolida sin el sello ni la subordinación a la ex presidenta, vuelve a ser un candidato potable para esos sectores.
Con un escenario en el que analistas calculan más de un 90% de probabilidades de balotaje y en el que ninguna fuerza parece rozar la victoria en primera vuelta, la capacidad de Kicillof de fidelizar al peronismo sin ahuyentar al centro será la clave de su proyecto presidencial.



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