“Lo único que lograron es desanimar a los estudiantes y generar un clima que expulse a los docentes de las universidades”
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Armen Grigorian, exrector del IUPA y docente de larga trayectoria, analizó el conflicto entre el Gobierno nacional y las universidades públicas, en la antesala de una nueva marcha universitaria.
La Verdad: ¿Cómo ve la situación actual entre el Gobierno nacional y las universidades?
Armen Grigorian: Lo veo con mucha preocupación porque es un conflicto que se ha prolongado en el tiempo y todo indica que no existe ninguna posibilidad de diálogo directo con el presidente. Por eso, los rectores y las autoridades universitarias siguen golpeando las puertas de la Secretaría de Educación, donde únicamente reciben destrato.Aclaro que no simpatizo con este gobierno, pero tampoco me gustaba el anterior. Creo en las personas capaces, honestas y equilibradas de la sociedad, sin importar sus ideologías.
LV: ¿Usted cree que Javier Milei debería hablar con los rectores para resolver el conflicto?
AG: Al menos debería escuchar a las autoridades universitarias, que fueron elegidas para conducir el destino de las instituciones de educación superior del país. Un presidente tendría que haber aprovechado este momento de cambios globales para generar un espacio de diálogo y proyectar, junto a las universidades, un futuro para los jóvenes argentinos. ¿Cómo se puede hablar de una batalla cultural sin tener en cuenta al sistema educativo?
LV: Según el Presidente, las universidades malgastan el dinero público.
AG: Ya pasaron 30 meses de gobierno y deberían haberlo demostrado con números concretos. No se puede generalizar ni meter a todos en la misma bolsa.
LV: Pero desde el oficialismo aseguran que las universidades no se dejan auditar.
AG: El problema es que todo gira alrededor de sospechas que se instalan sin ningún hecho concreto. Con el enorme poder de comunicación que tiene el Gobierno en las redes sociales, si alguna universidad realmente se negara a ser auditada se generaría un escándalo nacional e internacional. Y ojo: es importantísimo que las universidades sean auditadas con frecuencia, porque el dinero proviene de los impuestos de los contribuyentes y todos merecen saber si esos recursos se administran de manera eficiente.
LV: Entonces, ¿usted considera que el conflicto es provocado?
AG: A esta altura no tengo dudas. Hubo una decisión política de que el ajuste lo paguen las universidades y sus trabajadores. El mayor impacto recayó sobre los salarios universitarios. En muchos lugares ocurrió lo mismo: docentes que se fueron o están pensando en irse. Y eso repercute directamente en los estudiantes, que cursan en un clima de conflictividad extrema.
LV: Muchos sostienen que las universidades se convirtieron en “un nido de zurdos y peronistas”. ¿Es así o le parece una exageración?
AG: Es parte de una falsa batalla cultural que intentan instalar para justificar el abandono financiero. En una universidad conviven personas de distintas religiones, ideologías, orientaciones sexuales y nacionalidades. Yo nunca supe si mis estudiantes eran peronistas, libertarios, musulmanes, católicos o ateos. Y cuando hablo con colegas, nos preocupa el crecimiento académico y humano de los estudiantes, no sus ideas políticas. Personalmente, no me gusta que la política partidaria invada la universidad. Me gustaría que prevalezca la política universitaria. Donde pisan los partidos tradicionales, muchas veces dejan más problemas que soluciones.
LV: Entonces, ¿no está de acuerdo con esa definición?
AG: No. Que gran parte de la masa crítica tenga referentes vinculados a sectores de izquierda o al peronismo no me parece preocupante. Sería mucho más peligroso no contar con esa masa crítica que evita que los gobiernos se relajen. Cada universidad tiene su propia realidad. Y si la preocupación es genuina, debe debatirse y consensuarse dentro de las propias universidades. Prefiero mil veces a quienes critican de frente antes que a quienes son indiferentes a todo lo que sucede alrededor. Creo profundamente que nadie puede ser feliz en soledad, aunque le vaya muy bien en lo personal. No se puede ignorar lo que pasa en la sociedad.
LV: ¿Por qué dijo que la batalla cultural es falsa?
AG: Creo que muchas personas realmente sienten que deben luchar contra las ideas del socialismo, y eso puede dar lugar a debates interesantes. El problema aparece cuando les toca gobernar: muchas veces se olvidan de sus discursos y terminan naturalizando aquello mismo que criticaban como “el gasto socialista”. Mire lo que ocurrió con el jefe de Gabinete: la voz de la batalla cultural terminó apagándose bajo las aguas de una cascada.
Yo respeto todas las ideologías y disfruto debatir con quienes piensan distinto. Lo que no me gusta es la hipocresía que se instaló en la política, y no hablo solamente de este gobierno. Crear enemigos falsos para mantener entretenida a la propia tropa es algo que rechazo profundamente. Eso genera odio, divide a la sociedad y deteriora relaciones de una manera que muchas veces resulta casi irreparable.
LV: Por último, ¿cómo cree que será la marcha de este martes?
AG: Ante todo, me da mucha pena que los universitarios tengan que salir a la calle en lugar de estar dentro de un aula. Me duele que no sean escuchados. Es una tragedia para la sociedad que todavía no se dimensiona en toda su profundidad. En la última marcha vi incluso a personas que habían sido fervientes defensoras de este gobierno. Esta vez creo que habrá una multitud aún mayor. El tema es si al Gobierno realmente le importa el reclamo. Y, sinceramente, creo que no. Una universidad sin docentes bien pagos y con estudiantes atravesados por la incertidumbre solo agravará la situación delicada que vive el país. Entiendo que el problema viene de larga data, pero hoy se agravó a niveles drásticos. Milei es presidente de todos los argentinos y debe resolver una situación que, directa o indirectamente, perjudica a gran parte de la sociedad. Y los mas importante: Milei debe cumplir la ley votada por el Congreso.



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