Mick Jagger / Madonna - 2027
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En los pasillos del poder, donde los murmullos pesan más que los discursos, empezó a crecer una tensión que nadie se animaba a nombrar en voz alta. No era por una ley, ni por un ministerio, ni siquiera por una elección cercana. Era algo más personal: una disputa de ambiciones, de lugares en la historia y, sobre todo, de cercanía con el líder.
Patricia Bullrich lo sabía. Cada gesto contaba. Cada foto, cada posteo, cada señal hacia el 2027.
La noche anterior había subido a sus redes una secuencia de imágenes de la votación de la reforma laboral. Luces, bancas, sonrisas tensas… y de fondo, música de Madonna. No era casual. Un guiño pop, moderno, desafiante. Un mensaje entre líneas: ella también sabía moverse en el terreno simbólico.
En la otra punta del tablero, pero en un balcón, estaba Karina Milei. Silenciosa, metódica, pero con un control quirúrgico de cada movimiento político de su hermano. Donde Patricia hablaba, Karina calculaba. Donde Patricia mostraba, Karina organizaba.
CHISPASOS
En la reunión privada tras la votación en el senado:
—El 2027 hay que asegurarlo —decían algunos—. Fórmula fuerte, continuidad, orden.
Patricia dejaba caer su nombre con naturalidad, como si fuera lo obvio:
—La sociedad quiere firmeza. Experiencia. Equipo.
Pero Karina tenía otra idea, una que repetía en círculos cada vez más amplios:
—La fórmula tiene que ser Milei–Milei. La gente vota eso.
No lo decía con tono desafiante, sino como quien menciona una ley física. Como la gravedad. Como algo inevitable.
Las miradas entre ambas empezaron a durar un segundo más de lo necesario.
—Vi tu posteo —dijo Karina, sin rodeos—. Linda música.
Patricia sonrió.
—Hay que saber comunicar. No todo es Excel y estrategia.
—La estrategia gana elecciones —respondió Karina, seca.
Silencio. Un segundo. Dos.
—También las gana la política —contestó Patricia—. Y yo sé hacer política.
Karina la miró fijo, como evaluando una pieza en el tablero.
—Pero el apellido pesa más.
Patricia sostuvo la mirada. No era nueva en las peleas internas, ni en las disputas por el poder.
—Los apellidos solos no alcanzan. Hace falta alguien que enfrente los golpes.
Karina no respondió. Solo acomodó unos papeles y se levantó.
—Falta mucho para 2027.
—En política, nunca falta mucho —dijo Patricia, antes de salir.
Palabras más, palabras menos, es lo que sonó en el sueño-pesadilla del presidente durante la madrugada de este viernes, una vez que entendió que se viene otra interna fuerte en el gobierno, entre sus dos mujeres poderosas, las mismas que lograron "fusilar" moralmente a la actual vicepresidenta.






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