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Negaba la existencia de su hijo que vivía en el mismo vecindario

27 mar
2 min de lectura

La Justicia confirmó la paternidad de un vecino de Roca tras años de silencio

En General Roca, un caso atravesado por el abandono y la búsqueda de identidad encontró finalmente una resolución judicial. Un niño logró que se reconociera oficialmente quién es su padre, luego de que el hombre —un vecino de toda la vida del mismo barrio— decidiera ignorar su existencia desde el inicio.

Todo comenzó con un breve vínculo afectivo entre dos personas que crecieron en la misma zona. La relación fue pasajera, pero derivó en un embarazo. Al enterarse, el hombre optó por desaparecer de la vida de la mujer, desentendiéndose por completo de la situación incluso viviendo a escasa distancia.

A lo largo del tiempo, el padre evitó cualquier tipo de contacto, reconocimiento o aporte económico. Frente a esta negativa, la madre recurrió a la Justicia para resguardar los derechos de su hijo, iniciando una demanda de filiación con el acompañamiento de la defensa pública.

Durante el proceso, el hombre no contestó la demanda ni se presentó a varias citaciones para someterse a estudios genéticos. Sin embargo, en una instancia posterior se lograron obtener las muestras necesarias para avanzar con la prueba clave.

El estudio de ADN, realizado por el Laboratorio de Genética Forense, fue determinante: arrojó una probabilidad de paternidad superior al 99,99997 %, confirmando de manera científica el vínculo biológico.

La jueza interviniente destacó el peso de esta prueba y subrayó que el derecho a la identidad del niño tiene jerarquía constitucional. En su fallo, remarcó que este derecho debe prevalecer por sobre cualquier resistencia del progenitor, y que el Estado tiene la obligación de garantizar que toda persona conozca su origen.

En consecuencia, la magistrada hizo lugar a la demanda y declaró legalmente la paternidad del hombre. También dispuso que el niño lleve ambos apellidos, ubicando primero el materno y luego el paterno, tal como había sido solicitado.

Además, se resolvió que el padre deberá afrontar las costas del proceso, ya que su conducta —marcada por la ausencia y la falta de reconocimiento voluntario— obligó a iniciar un juicio que podría haberse evitado.

La sentencia no solo pone fin a años de incertidumbre, sino que reafirma un principio fundamental: el derecho de cada niño a saber quién es.

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