top of page

No hay plata ... pero hay créditos blandos para los libertarios

  • hace 2 días
  • 3 Min. de lectura

Llegaron las bombas periodísticas que empezaron a perforar los negocios inmobiliarios de algunos libertarios, destapando un mercado que no solo se regula solo… también te financia la compra de departamentos. Y si no, siempre queda el plan B: dos jubiladas con más fe que una sucursal del Banco Nación.

Porque mientras el gobierno de Javier Milei predica meritocracia, varios de sus funcionarios lograron lo que para el ciudadano promedio roza la ciencia ficción: créditos hipotecarios millonarios. Y no cualquier crédito… hablamos de cifras que directamente juegan en otra liga.

Según registros oficiales, al menos nueve funcionarios y dirigentes del oficialismo accedieron a préstamos del Banco Nación que, en conjunto, superan los $3.000 millones. Algunos nombres destacados:

Pedro Inchauspe: $510.654.000

Leandro Massaccesi: $450.000.000

Felipe Núñez: $373.000.000

Federico Furiase: $367.059.000

Emiliano Mongilardi: $309.507.000

Mariano Campero: $279.000.000

Alejandro Bongiovanni: entre $255 y $279 millones

Lorena Villaverde: entre $225 y $279 millones

Juan Pablo Carreira: $112.948.000

Todos ellos, con acceso a líneas de crédito que —según la versión oficial— están abiertas a cualquiera… siempre y cuando ese “cualquiera” cumpla con ciertos requisitos no escritos.

Y después está Adorni…

En ese contexto aparece el caso de Manuel Adorni, que rompe la lógica del “crédito VIP” para meterse de lleno en el terreno de lo insólito.

Mientras sus compañeros accedían a préstamos bancarios de hasta medio billón de pesos, Adorni optó —o terminó optando— por una alternativa más… personalizada: financió cerca del 90% de su departamento con un crédito privado otorgado por dos jubiladas.

Sí, mientras algunos firmaban papeles en oficinas climatizadas del Banco Nación, Adorni parecía protagonizar una escena más cercana a una escribanía de barrio, con café de por medio y un “después vemos cómo lo pagás”.

El monto de la operación ronda los US$ 230.000, con la particularidad de que la mayor parte fue financiada por las propias vendedoras del inmueble. Como si fuera poco, trascendió que ninguna de las jubiladas conocía personalmente a Adorni, lo que agrega un condimento extra a una historia ya de por sí difícil de explicar.

El problema no es solo el chiste

Más allá de la ironía, el tema escaló a nivel político y judicial. Hay pedidos de informes y análisis sobre posibles condiciones preferenciales, evaluaciones crediticias dudosas y la relación entre ingresos declarados y patrimonio.

Pero lo que queda flotando es algo más profundo: en un país donde acceder a la vivienda es cada vez más difícil, el contraste entre la realidad social y la facilidad crediticia de la dirigencia genera ruido… y bastante.

Porque al final, entre tasas blandas, millones prestados y jubiladas financiando funcionarios, el mercado puede autorregularse todo lo que quiera… pero el relato, claramente, necesita refinanciación.

Estos casos, que salieron a la luz en un año no electoral, quizás no representen un riesgo inmediato para el Gobierno en un contexto de baja intensidad en la discusión política. Sin embargo, el problema aparece en otro plano: el del relato y el creciente hartazgo social frente a los privilegios de una clase política que parece capaz de crecer —como diría el propio Javier Milei— incluso con o sin dinero.

Mientras tanto, gran parte de la población observa con desconfianza los números del INDEC, que marcan una baja de la pobreza, en contraste con una realidad cotidiana donde cada vez más personas tienen dificultades para cubrir sus gastos y terminan recurriendo a financiaciones con tasas altísimas que, tarde o temprano, ponen en jaque a las economías domésticas.

Nada sorprendente para los argentinos que ya probaron todas las recetas... "Al final son todos iguales", afirman con resignación y razones no les faltan.

Comentarios


Mantente informado,

únete a nuestro boletín

Gracias por suscribirte

bottom of page