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A 19 años del crimen de Fuentealba: la memoria que sigue enseñando

  • hace 6 horas
  • 2 Min. de lectura


Este 4 de abril se cumple un nuevo aniversario del asesinato de Carlos Fuentealba, el docente neuquino que se convirtió en símbolo de la lucha por la educación pública y los derechos laborales en la Argentina.



El hecho ocurrió en 2007, en la provincia de Neuquén, en el marco de una protesta docente que reclamaba mejoras salariales y condiciones dignas de trabajo. Durante una represión policial en la localidad de Arroyito, Fuentealba fue alcanzado por una granada de gas lacrimógeno disparada a corta distancia. Murió al día siguiente, dejando una marca imborrable en la historia reciente del país.


A casi dos décadas, su nombre no se apaga. Por el contrario, se multiplica en cada aula, en cada marcha, en cada reclamo que exige una educación más justa. Fuentealba no era solo un maestro: era un trabajador comprometido con su comunidad, con sus estudiantes y con la convicción de que la escuela pública debía ser defendida.


Su asesinato generó una profunda conmoción social y un amplio repudio a la violencia institucional. También abrió un debate que aún hoy sigue vigente: el rol del Estado frente a la protesta social y los límites del uso de la fuerza.


Cada aniversario renueva una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué cambió desde entonces? Si bien hubo avances en materia de derechos y visibilización, persisten tensiones, conflictos salariales y reclamos docentes en distintos puntos del país.


Recordar a Fuentealba no es solo un acto de memoria. Es también una interpelación al presente. Porque su historia sigue enseñando que sin educación digna no hay futuro posible, y que la violencia nunca puede ser la respuesta frente a quienes reclaman.


Hoy, como ayer, la tiza sigue escribiendo su nombre. Y la memoria, en las calles y en las aulas, se mantiene viva.

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