¿Te gustó la despedida de Leo?

Esa fue la pregunta que recorrió oficinas y aulas. Fue el tema de conversación de la mañana en trenes, colectivos, aeropuertos y supermercados.
Leo se fue de la Selección ante la mirada de todo el mundo y la de unos 90 mil espectadores privilegiados que colmaron el Monumental, un estadio donde Messi siempre se sintió cómodo y donde, según sus propias palabras, vivió uno de los días más felices de su vida cuando festejó el título mundial junto a la Scaloneta en el Antonio Vespucio Liberti.
Anoche estuvo todo preparado para otra jornada histórica. La emoción de Messi antes, durante y después fue notoria: el astro no estaba listo para el adiós. Él dijo que sí, pero quienes lo conocen de verdad notaron que su despedida fue forzada. Tal vez, tras la final perdida y, sobre todo, luego del fallecimiento de su padre Jorge, Messi se quedó sin fuerzas para enfrentar el vacío y la frustración de haber quedado tan cerca de la hazaña del bicampeonato. Ayer Leo habló y despejó las dudas: no hubo nada extraño, simplemente se quedaron sin piernas.
Pero, dejando a Leo tranquilo, ¿su despedida estuvo bien organizada? El rival jugó hasta donde pudo y ofreció resistencia durante el primer tiempo, intentando callar las críticas por la inadecuada elección de este combinado para despedir a una leyenda. En el segundo tiempo las cosas se acomodaron y Argentina le pasó por encima al seleccionado de Benín. El resultado se concretó con Messi anotando otro gol y mostrando, al mismo tiempo, su faceta humana al errar insólitamente tres goles frente al arco.
Al término del partido comenzó el caos organizativo. Las cámaras de televisión no mostraron en detalle el desorden ni los desaciertos: hubo invasión de campo, pero lo que más llamó la atención fue el fallido homenaje con drones por parte de la AFA.
Primero proyectaron la marca de seguros que patrocinó el evento y luego el logo de la AFA, provocando los silbidos de los espectadores ante semejante puesta en escena. Tras un minuto de exposición publicitaria, apareció por fin la figura de Messi, aunque en una de las imágenes pateaba con la derecha, su pierna menos representativa. El show de drones terminó de manera inexplicable y sin sentido alguno; mientras Leo y sus compañeros miraban al cielo buscando un momento emotivo, el espectáculo simplemente se cortó. El público reaccionó con cánticos en contra de Chiqui Tapia.
Luego cantó Soledad Pastorutti, justo por delante de un empleado de seguridad que se había desvanecido. Más allá de ese episodio, La Sole logró emocionar aún más a Leo, quien tras la canción tomó el micrófono y dio un discurso sorprendente.
Todos sabemos que Leo no suele hablar mucho, pero eso era antes, cuando vestía la camiseta argentina. Anoche el rosarino demostró un gran dominio de la oratoria: fue muy claro, despejó dudas y dejó frases contundentes. Aclaró que en la final no hubo nada raro, que a partir de ahora será un hincha más alentando desde afuera y no mencionó en ningún momento a Tapia. Se mostró feliz junto a su familia, recordó a su padre, agradeció al público y le tiró un dardo a quienes criticaron con mala intención a la Selección. Habló con la madurez de ese Messi que antes solo conocían sus compañeros. Finalmente, se retiró del campo entre lágrimas y rodeado por la emoción de los 90 mil presentes, abrazado a sus hijos y a Antonela a través de un pasillo hecho por el plantel.
¿Imaginábamos así la despedida de Messi? Quizás no. No hubo lujos: fue sencilla, como lo es Leo. Allí donde la organización intentó ostentar (como en el show de drones), terminaron haciendo agua.
Lo mejor de la noche ocurrió cuando uno de sus hijos se le acercó y se fundieron en un abrazo interminable. Ese momento tan íntimo terminó siendo lo más conmovedor de la jornada, porque permitió ver a un Lionel Messi maduro, padre de un jovencito que entendió todo y sintió el impacto de ver a su padre vistiendo por última vez la camiseta de la Selección.
Y a vos, ¿te gustó la despedida de Leo?



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