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The Economist: "Trump tiene cuatro salidas para la guerra de Irán, y todas son malas"

  • hace 2 horas
  • 3 Min. de lectura

Si bien el presidente estadounidense, Donald Trump, asegura que Washington está aplastando a Irán en la escalada bélica que entra ya en su cuarta semana, en realidad tiene cuatro opciones, ninguna de las cuales es buena, recoge The Economist.

De acuerdo con el medio, los cuatro caminos son negociar, declarar la victoria y retirarse de la guerra, seguir como hasta ahora o escalar; y si no ha elegido ninguna de las vías, es porque ninguna es buena.

La primera opción, de acordar un alto el fuego, parece la menos probable, ya que Irán, que ha sido atacado dos veces mientras se celebraban conversaciones con EE.UU., recela de sentarse de nuevo en la mesa de negociaciones con representantes estadounidenses. Además, Omán, que ejercía como mediador entre Washington y Teherán, irritó a sus vecinos del golfo Pérsico por su postura comprensiva hacia el país persa. De igual modo, surge el problema de que, incluso si los implicados vuelven a las conversaciones, un eventual acuerdo podría no concertarse, ya que Estados Unidos establecería límites estrictos al programa de misiles y fin del apoyo iraní a milicias regionales, mientras que Irán exigiría reparaciones por la guerra y el cierre de bases militares estadounidenses en la región.

Si no es capaz de terminar la guerra con un acuerdo, Trump podría intentar simplemente darla por cerrada. Así, algunos asesores empujan al líder estadounidense a declarar una victoria: anunciar que las capacidades militares y la Marina de Irán han sido destruidas, al igual que sus fábricas de misiles. Según The Economist, sería "la opción más 'trumpista'": vender una agresión inconclusa como un triunfo decisivo, como ya hizo en junio del año pasado al proclamar que el programa nuclear iraní había sido "obliterado", pese a describirlo ocho meses después como una amenaza.

No obstante, retirarse del conflicto ahora daría siete meses para que el 'shock' petrolero se diluya antes de las legislativas de noviembre. En la misma línea, Teherán mantendrá el control sobre el estrecho de Ormuz, ruta marítima por donde circula alrededor de 20 % de todo el petróleo y gas que se comercia en el mundo.

La tercera opción es que Estados Unidos e Israel prolonguen durante semanas los bombardeos, respaldados tanto por varios altos cargos militares israelíes como por los partidarios de una política exterior agresiva en Washington. En ese caso, el argumento sería que unas semanas más de golpes sobre la nación persa podrían reducir sus capacidades militares o incluso provocar el colapso del Gobierno, mientras la Casa Blanca gana tiempo para enviar más buques y montar una coalición de escoltas en el estrecho.

Sin embargo, el medio pone en tela de juicio que tal plan funcione, dado que Irán es capaz no solamente de seguir lanzando ataques contra objetivos en la región y mantener cerrado el estrecho de Ormuz, sino también de "golpear otros frentes" e intensificar ataques contra infraestructuras críticas en el golfo Pérsico.

De ahí la cuarta vía: "escalar para desescalar", en palabras del secretario del Tesoro, Scott Bessent. El mandatario estadounidense podría cumplir su amenaza de golpear centrales eléctricas iraníes y ordenar tomar el control sobre la isla de Jarg, principal terminal petrolera iraní, o tres islas disputadas entre Irán y Emiratos Árabes Unidos, situadas en un punto estratégico cerca del estrecho. Este camino de escalada está lleno de riesgos: militares estadounidenses tendrían no solamente que tomar estas islas, sino también mantenerlas bajo un fuego casi seguro de drones, mientras que un asalto a instalaciones nucleares exigiría a los comandos asegurar territorio hostil durante días y los estados del Golfo quedarían aún más expuestos.

Al mismo tiempo, aunque el presidente podría declarar la victoria, aun así vería cómo Irán mantiene cerrado el estrecho, apostando a que encarecer aún más este conflicto disuada otro en el futuro. Podría prolongar unas semanas la campaña y encontrarse después en el mismo punto muerto. La escalada no es un fin en sí mismo: si toma Jarg, ¿qué hace luego con la isla si Irán se niega a negociar un acuerdo? Habiendo iniciado esta guerra, Trump se enfrenta ahora a la conclusión de que ninguna de las salidas a su alcance es limpia ni barata, y no tiene una forma fácil de terminar lo que empezó.

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