Usar a las Malvinas para ganar la guerra a China
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«La geografía es el factor geopolítico más fundamental. La geografía no cambia, las ideas sí.»
Es una frase de Nicholas Spykman (considerado el «padre del realismo» en la geopolítica estadounidense) que trataremos de aplicar a los recientes sucesos que tienen a la Argentina como un partícipe secundario, pero sumamente importante, en el juego geopolítico entre China y EE. UU.
Milei, Malvinas y un discurso impecable.
Milei levantó la bandera de las Malvinas con una jugada audaz y con absoluta razón. Su discurso es inobjetable en lo conceptual. Se nota el trabajo magistral de Quirno y Santiago Caputo para preparar un texto que, narrado por el Presidente, instaló una nueva agenda sin alterar el status quo. Quienes lo critican no lo hacen por el contenido del mensaje. Tal vez objetan la tardanza o el anuncio de la construcción de la Base Naval Integrada —un proyecto iniciado durante el gobierno de Alberto Fernández y paralizado tras el 10 de diciembre de 2023—. Sin embargo, la intervención de Milei fue sentida y envidiable para cualquier dirigente político: a todos les gustaría estar en su lugar y anunciar medidas con ese tono patriótico.
¿Por qué ahora?
La crisis que atraviesa la OTAN es el principal motivo para que la Argentina adopte un tono diplomático más elevado que el habitual.
Donald Trump, bajo el argumento del elevado costo que paga Estados Unidos para mantener las tropas de la OTAN, fracturó la cohesión de una organización temida en todo el globo. En la práctica, dejó solos a los miembros europeos.
El ataque a Irán se resolvió sin consultar a los socios del Viejo Continente; Trump lo coordinó directamente con Israel. Sin embargo, tras lograr una ventaja inicial, comenzó a sentir el rigor militar y económico de Teherán. Los persas cerraron el estrecho de Ormuz y comenzaron a vengar la muerte de su líder espiritual mediante bombardeos a países aliados de Washington, ubicados a escasos kilómetros de sus fronteras.
Trump pidió auxilio a los miembros de la OTAN, en especial al Reino Unido, pero las flotas marítimas británicas y francesas no se movieron. "No fuimos consultados antes del ataque a Irán", se excusaron. A Trump no lo soportaban desde su primera presidencia y menos lo quieren ahora, que regresó con la intención de reconfigurar el orden mundial —objetivo que por el momento ha logrado a medias y con un alto costo para él y para los socios tradicionales de la potencia norteamericana.
Trump fuerte vs Trump necesitado
A dos meses de las elecciones legislativas de medio término en Estados Unidos, el panorama para los republicanos no es alentador y Trump necesita un triunfo urgente. El éxito de la operación contra Maduro quedó opacado por los magros resultados en Irán. Hoy las encuestas reflejan un fuerte descontento social y los comicios de noviembre representan una seria advertencia para la administración republicana.
Los socios de la OTAN comprendieron que, al menos durante los próximos dos años, no habrá un respaldo incondicional de Trump para afrontar los costos del apoyo financiero a Ucrania. La guerra en el antiguo espacio soviético cayó en un callejón sin salida: el ejército ruso no logra perforar la línea defensiva ucraniana y recurre a bombardeos aéreos masivos, pero también sufre las incursiones de drones enemigos que han atacado sin pausa refinerías rusas, provocando escasez energética en su propio territorio.
A esto se suma el cierre del estrecho de Ormuz, que disparó el precio del barril de petróleo y complicó el escenario en toda la región. China es una de las principales perjudicadas: sin el crudo venezolano, quedó a la merced de las interrupciones en el Golfo Pérsico y de la escasez de combustible de Rusia, su histórico proveedor.
Brasil , un objetivo oculto de Trump
Otro de los países que abastece de petróleo al gigante asiático es Brasil, punto donde habrá que concentrar la atención en los próximos meses. Con elecciones en el horizonte del país conducido por Lula da Silva —socio incondicional de Beijing—, el escenario es clave: si ganara la oposición liderada por Jair Bolsonaro, el tránsito marítimo del Atlántico Sur pasaría a estar controlado por la alianza de derecha con Trump, quien ya maneja las rutas de Venezuela a su antojo. En el Pacífico, Chile, Perú, Ecuador y Colombia ya están alineados.
Si en Brasil se impone el oficialismo, habrá que observar cómo se desarrolla el funcionamiento integral de la Base Naval en Tierra del Fuego. Ante una alianza marítima con Estados Unidos, la ruta para llegar al extremo sur pasará cerca de la extensa frontera marítima brasileña.
Las jugadas de Trump con ayuda de Malvinas
Todo tiene que ver con todo. La multijugada que se diseña desde la Casa Blanca parece tener varios destinatarios:
Con cambio de posición sobre Malvinas, presionar al Reino Unido para obligar a la OTAN a involucrarse en el conflicto con Irán.
Obtener el control del estrecho de Ormuz, asegurando la tajada principal de la mayor reserva petrolera del mundo.
Hacer guiños permanentes a Rusia mientras se desmantela a sus aliados sudamericanos (al tiempo que Washington provee a Ucrania datos satelitales y de inteligencia sobre la ubicación de las refinerías rusas).
Abrir una ruta estratégica hacia la Base Naval argentina para supervisar el tráfico marítimo brasileño, tras haber obtenido el control del paso por el canal de Panamá al Pacífico a través de Venezuela.
Dejar a China con acceso restringido al petróleo.
Son nuestras, pero de verdad
Las Islas Malvinas deben ser devueltas a la Argentina tarde o temprano. No cabe duda de que, en algún momento histórico, el Reino Unido deberá desprenderse del costoso mantenimiento de un archipiélago que ocupa de facto, pero cuya soberanía es reclamada con el respaldo de múltiples resoluciones de la ONU. Son y serán siempre argentinas.
Vendrán tiempos en los que el reclamo deberá formularse con mayor frecuencia, sin limitarse únicamente a la explotación de los recursos naturales. Allí descansan los restos de los héroes que entregaron su vida para que un día las Malvinas vuelvan a depender, en todos los sentidos, de la única nación con derecho legítimo sobre ellas.
No estuvo mal que el Presidente participe en esta jugada geopolítica de Norteamérica, ya que lo hizo con cautela y sin provocar respuestas drásticas. Fue un recordatorio de que todo puede cambiar en el escenario internacional. Por ese motivo, debemos tener claro que las Malvinas se recuperarán cuando ambas naciones se sienten a dialogar como pares, y para que eso ocurra, necesitamos que la Argentina vuelva a ser una potencia mundial.
La verdadera guerra
Mientras tanto, todo el mundo observa la guerra comercial entre EEUU y China, con algunos capítulos bélicos lejos de las fronteras de ambos países.
Humildemente recomendamos a leer esta nota con el mapa del mundo a mano. La geografía importa y mucho. Los principales protagonistas de esta guerra eligen puntos geográficos alejados de sus fronteras para los conflictos bélicos.
EEUU ataca los intereses económicos de China sobre todo destruyendo las rutas. China responde en silencio, abastece con mercadería y SWAP a los adversarios de los aliados de EEUU.
¿Y como repercute en nuestra región esta guerra entre ambos países?
Hace dos semanas, la disputa global entre Estados Unidos y China por la supremacía tecnológica sumó un nuevo capítulo en el corazón energético de la Argentina. Las declaraciones del embajador estadounidense en el país, Peter Lamelas, encendieron las alarmas en Neuquén al advertir sobre los riesgos de incluir al gigante chino Huawei en el desarrollo de la infraestructura digital de Vaca Muerta.
El conflicto surgió a raíz de las gestiones iniciadas por la cooperativa eléctrica y de telecomunicaciones CALF para la construcción de un data center y la instalación de redes de conectividad en la provincia. Ante la opción de utilizar tecnología de la firma asiática por sus ventajas de costo y financiamiento, la representación diplomática de EE. UU. transmitió su rechazo, argumentando motivos de seguridad nacional y el presunto uso de datos por parte del gobierno de Beijing. Trascendió además la advertencia sobre posibles sanciones personales, como la revocación de visas, para las autoridades de la entidad local si el acuerdo prospera.
Desde CALF rechazaron lo que consideraron presiones informales y enviaron notas oficiales a la Embajada estadounidense y a Cancillería exigiendo precisiones por escrito, ratificando que sus decisiones se basan en criterios puramente comerciales. Por su parte, la Embajada de China acusó a la delegación norteamericana de ejercer «maniobras hegemónicas y arrogancia». El choque diplomático escaló rápidamente a los recintos legislativos de la provincia y la Nación, dejando al descubierto cómo la pugna estratégica por los recursos y las comunicaciones globales se dirime hoy en suelo patagónico.
Más allá del hecho puntual, habrá que observar la ubicación geográfica y lo que sucedió días después con el discurso de Milei, donde lo más importante para los EE. UU. fue el anuncio de la Base Naval Integrada de Ushuaia (Tierra del Fuego): un proyecto de infraestructura militar, logística y científica destinado a consolidar la presencia argentina y de su aliado estadounidense en el Atlántico Sur. Es la geografía.



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