Un presidente que hizo todas las inferiores y hace exactamente 63 años asumió la presidencia del pais

El 12 de octubre de 1963, el médico cordobés Arturo Umberto Illia ingresó al Congreso de la Nación para jurar como Presidente Constitucional de los argentinos. En las puertas del Palacio Legislativo y a lo largo de la Avenida de Mayo, los hombres del Regimiento de Granaderos a Caballo "General San Martín" le rindiéron honores de Estado con sus característicos sables erguidos y morriones alineados. Para la mayoría de los presentes, era la postal clásica del traspaso de mando. Para el propio Illia, era un reencuentro con su propia juventud.
Cuarenta años antes de calzarse la banda presidencial, aquel médico de pueblo austero y de modales pausados había llevado el mismo uniforme, había montado los mismos caballos y había velado por la seguridad del Presidente de la República en las mismas calles de Buenos Aires.
Un Granadero de la Clase 1900
Nacido en Pergamino en agosto de 1900, el joven Arturo Illia debió postergar brevemente su llamado a las armas para avanzar en la carrera de Medicina en la Universidad de Buenos Aires. Tras solicitar la prórroga correspondiente por estudios, fue incorporado en 1923 al Regimiento creado por el General José de San Martín, sumándose al Tercer Escuadrón.
Con 23 años, el soldado conscripto Illia formó parte de la escolta y custodia del entonces presidente Marcelo Torcuato de Alvear. Durante aquel año de servicio militar obligatorio, le tocó apostarse en las guardias de honor de la Casa Rosada y acompañar el desplazamiento de las comitivas oficiales, aprendiendo desde adentro el rigor, la disciplina y la mística de la unidad fundacional del Ejército Argentino.
"Quien haya sido Granadero guarda para siempre el orgullo de haber servido a la Patria en la unidad que creó el Padre de la Patria. ,recordaba frecuentemente el mandatario sobre su paso por la unidad.
ARTURO ILLIA: DE LA GUARDIA A LA PRESIDENCIA
La marca del uniforme en la gestión
Quienes lo acompañaron durante sus casi tres años de gestión en la Casa Rosada (1963-1966) recordaban que la relación de Illia con los granaderos que custodiaban el despacho presidencial y la Quinta de Olivos no era la de un superior distante, sino la de un veterano de la misma tropa.
Se detenía habitualmente a conversar con los conscriptos que hacían la guardia, les preguntaba por sus pueblos de origen —conociendo de primera mano las realidades del interior del país por su labor como médico en Cruz del Eje— y mostraba un conocimiento detallado de las rutinas de la unidad.
Su presidencia, caracterizada por la honestidad republicana, el respeto estricto a las instituciones y una austeridad personal que se volvió legendaria, reflejó en gran medida la disciplina cívica y el sentido del deber que abrazó en sus años de juventud bajo el morrión de Granadero.
Hoy, la historia argentina recuerda a Arturo Illia como el único ciudadano que recorrió la trayectoria completa del honor republicano: desde la trinchera del soldado conscripto que vela por la vida de un Presidente, hasta el sillón de Rivadavia desde donde gobernó para todos los argentinos.



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